El día viernes 26 de Octubre fue un día lleno de emociones. Desde la madrugada mi aguda preocupación fue encajar bien mi vestido para lucir lo más puramente bella. Una preciada llamada telefónica me arrebató del sueño y nunca más logré dormir. De allí en adelante todo fue concentrarse y atiesarse para lo que se venía: el acelerado lanzamiento del disco de Sindicato Sonoro "Kumbiamba"......Una vez resuelto el sunto de la ropa, tuve que morir bailando para entrar en calor y bajar la poderosa exaltación que me turbaba. Llegue casi tranquila a la tediosa prueba de sonido. Sólo casi. Y aunque odio las pruebas de sonido, mi alma se regaba de una comprensiva alegria que no podía sino que emanarme del corazón. Algo había en aquella movida y soleada tarde de octubre. Algo que era más importante que cualquier lanzamiento de disco que uno pueda tener. Algo de mi amor quizás.Cuando comenzó el concierto, mis nervios estorbaban cualquier intento de goze con la música y yo debía lograr de una u otra forma, la anhelada comunión para poder apaciaguarme. No fué fácil, pero al final de cuentas logré encauzar el delirio. Sostuve con entonados versos la esquiva mirada y traspasé el cristal con la vehemencia de una dulce voz. Me volví complice y me ví de pronto transformando mi genuino amor en canción. Y vaya cómo una simple canción puede traspasarle a uno el corazón. Una simple canción que no me pertenece. Aunque haya sido yo quien la escribió. Yo quien le diera vida y existencia musical.
No me pertenece, porque pertenecía a todo aquel que dispusiera su alma para aprehenderla. Naturalmente, mi pequeño carnaval tenía un nombre de tibias manos, tenía un pañuelo y muchos colores deslumbrantes que yo debía acariciar. Pero lamentablemente mi canción nunca será mia. Y peor aún, talvez nunca lo fué.
Pude haber divulgado el amor con que la hice. Pero mientras la interpretaba y se perdía ante mis ojos , ante los asistentes, ante su suerte, me desaparecí en un precipicio de estrechez y de coraje.
Pero fuí casi feliz aquella noche de concierto.
Porque haya parido mi noche una vaga novela que sin cortejo pasará a la historia.





